lunes, 11 de octubre de 2010
Inflando burbujas
sábado, 7 de agosto de 2010
Las donaciones multimillonarias
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domingo, 1 de agosto de 2010
El value investing o inversión en valor
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Tengo que confesarlo. En el año 2006 cuando era corredor de bolsa para una firma comisionista en Bogotá fui de los damnificados de la estrepitosa caída del mes de junio de ese año. A partir de ese mes no solo desaparecieron mis ingresos por comisiones, las cuales solo un mes atrás representaban el 75% de todo mi ingreso laboral, sino que al igual que mis clientes, perdí buena parte de los ahorros de varios años de trabajo y sacrificios personales. A partir de ese momento inicié la búsqueda de otro trabajo pues se me hacía extremadamente difícil atraer a nuevos inversionistas a la bolsa de valores en un momento tan complicado.
Desde el año 1999 cuando se fusionaron las tres bolsas de valores colombianas en una sola, todo había sido fiesta. En un mercado al alza todos ganan. Todos se sienten expertos inversionistas y desafortunadamente se crean burbujas especulativas porque todos confiaban en que lo único que había que hacer era comprar cualquier acción de una buena empresa y esperar a que el precio subiera como espuma. Si el precio caía, no había problema porque tarde o temprano volvía a subir. Los corredores mostrábamos orgullosos las altas valorizaciones de los últimos años a nuestros prospectos de clientes convencidos de que siempre iba a ser así. Era muy parecido a lo que estamos viendo este año con las acciones colombianas, las cuales están en estos momentos en niveles récords en la historia de nuestro pequeño mercado. Por supuesto que en ese escenario no estábamos preparados para un desplome de más del 40% en menos de 20 días.
Algún tiempo después, al ver que Warren Buffet, actualmente el mejor y mas grande inversionista del mundo, permanentemente cita a su maestro Benjamin Graham y considera su libro, El inversor inteligente, como “el mejor libro sobre inversión jamás escrito”, me interesé por dicho libro. Además, Buffet siempre ha dicho que él no tiene ningún secreto pues este está a la vista de todo el mundo en ese libro. De hecho todos los compañeros de Buffet que trabajaron en la década del 50 en la firma de Graham han tenido rendimientos consistentes a lo largo de todos estos años y sobra decir que han hecho también sus propias fortunas. Cuando inicié su lectura no pude evitar una gran sensación de euforia por todo lo que este me revelaba. En consecuencia, solo me tomó una semana de mis vacaciones leer las 617 páginas de la séptima edición en español de esa obra maestra.
En el artículo anterior quedé comprometido a explicar el concepto de la inversión en valor y lo voy a hacer con un ejemplo sencillo para que sea entendible por cualquiera que lea estas líneas. Por supuesto que no será un ejemplo detallado pero sí espero que la idea general sea captada por el lector.
Supongamos que muy cerca de mi casa hay una panadería. Los panes son muy buenos y el negocio está siempre abarrotado de clientes. Es un negocio exitoso. Un día el señor Juan, que es el dueño de la panadería, invita a una reunión a todos los vecinos del barrio. El objetivo de la reunión es ofrecer en venta acciones de su panadería por 1.000 pesos cada una. Él informa que el horno, las mesas, el inventario y todos los activos de su negocio valen 100 millones de pesos y que las utilidades generadas por el negocio en el último año fueron de 36 millones de pesos. El dinero recolectado con la emisión de acciones será para montar un nuevo local en el barrio vecino, así que él necesita vender $100 millones en acciones para llevar a cabo su expansión. Por supuesto que como todos los vecinos conocen el negocio y saben que es muy bueno y exitoso acceden a comprar todas las acciones que les vende Juan al valor propuesto. Supongamos que yo, ante la oportunidad de invertir en semejante negocio, compro 10.000 acciones, o sea que invierto $10 millones en el negocio de Juan. Tiempo después veo que muchos socios están vendiendo sus acciones a $8.000, a $6.000 hasta llegar a $3.000, así que si me baso por las ventas que han hecho mis vecinos (el mercado), ahora mi inversión solo vale $3 millones. He perdido el 70% de lo que invertí.
Por qué sucedió esto si el negocio de Juan es tan exitoso y no ha dejado de serlo? Porque nadie supo en cuantas acciones dividió Juan su negocio. Resulta que el negocio de Juan estaba dividido en 1 millón de acciones en total, o sea que al multiplicar el millón de acciones por $1.000 cada una, Juan estaba valorando su negocio en 1.000 millones de pesos cuando sus activos solo eran de la décima parte de esa cifra. Al comprarle 100.000 acciones a Juan, sus vecinos compramos por $100 millones solo el 10% de un negocio que ahora tiene $200 millones en activos. Al dividir los $200 millones que vale el patrimonio de los dos locales actuales entre el millón de acciones del negocio, tenemos como resultado un valor patrimonial de solo $2.000 por cada acción. Por esa razón el precio de la acción se desplomó a solo $3.000, porque las utilidades y el valor del negocio no correspondían a la elevada valoración a la que compramos. En ese valor hay una prima de $1.000 por el negocio y el resto es el valor patrimonial.
En la bolsa de valores la situación no es muy distinta que en la panadería de Juan. Muchas personas compran acciones simplemente porque el negocio es muy bueno y tiene prestigio, reporta buenas utilidades o porque el sector tiene buenas expectativas de crecimiento, sin siquiera darse cuenta del precio que están pagando por esos negocios. Suponen que porque el negocio es bueno, el precio siempre debe subir. Otros inversionistas son mucho más juiciosos y realizan el análisis técnico, que consiste en analizar mediante gráficas las tendencias de los precios de una determinada acción sin tener en cuenta los resultados de la empresa que esta acción representa. Si los precios han venido subiendo, suponen que hay que comprar porque estamos en tendencia alcista o bullísh. Si estos han venido bajando, se supone que hay que vender porque estamos en tendencia bajista o bearish. En realidad estas personas no son inversionistas sino especuladores tratando de adivinar el futuro. Tratan de saber hacia donde se va a mover el mercado, pero desafortunadamente el mercado es totalmente irracional. Los precios en un día cualquiera solo dependen del estado de ánimo de las masas que lo conforman. Precisamente este tipo de análisis de especuladores fue lo que llevó a las valorizaciones astronómicas de las empresas punto com del mercado Nasdaq en los Estados Unidos en la década de los 90’s (muchas de estas empresas llegaron a venderse hasta por 200 veces el valor de su patrimonio y por 300 veces el valor de las utilidades de su último año), inflando una burbuja que reventó en el año 2000 donde muchas de estas acciones perdieron mas del 99% de su valor.
Graham demostró que el mercado es como un péndulo. El centro de ese péndulo es el valor real o intrínseco de la acción (o de la empresa si se quiere). El precio siempre tiende a oscilar entre los altos niveles cuando el optimismo y la codicia se apoderan de las masas y los bajos niveles cuando reina el temor a perder dinero. Por lo tanto, para ser exitoso hay que dejar de especular creyendo que vamos a adivinar el precio futuro. Hay que analizar el negocio subyacente y no la acción como un simple título. Si compramos a buen precio acciones de una empresa después de hacer un análisis concienzudo y racional de su patrimonio, de sus utilidades históricas, de su política de dividendos y de sus directivos, perfectamente nos podemos olvidar del precio que el irracional mercado dicta todos los días porque nuestro objetivo como inversionistas es aprovechar las utilidades que nos da la empresa por medio de sus dividendos y no esperar una valorización inmediata para vender. Nuestra inversión es a largo plazo, mínimo a 10 años. Al tener la seguridad de que compramos a un buen precio no tiene porqué preocuparnos si las acciones bajan o suben. Al comprar de esta manera tampoco importa mucho si la acción no cotiza en bolsa pues no nos interesa vender ni tampoco nos interesa que a cada minuto nos estén dando un nuevo precio. Es mas, si el precio baja deberíamos estar contentos porque podemos comprar mas acciones de ese buen negocio a un mejor precio. A la larga, si compramos a buen precio, el mercado nos dará la razón al valorar la empresa en su precio justo en algún momento.
Por supuesto que de las cosas mas importantes del método de Graham es saber determinar lo que se puede considerar un buen precio de compra. Para eso hay unos parámetros según el tipo de inversionista que uno es, pero no voy a entrar en esos detalles para no ser más extenso. Solo voy a decir que hay que olvidarse de los gráficos y las tendencias. Solo hay que analizar la relación que hay entre el precio y las utilidades, el patrimonio y la solvencia general de la compañía en el momento en el que pensamos hacer la inversión. Si esta relación es buena, compramos. De lo contrario, no compramos, aunque todo el mundo esté comprando. Con este método podemos encontrar verdaderas gangas a la vista de todos.
Después de conocer todos estos conceptos recordé que en lo peor del desplome del 2006 había un gran cliente de la firma en la que yo trabajaba. Este hombre hizo toda su fortuna en la bolsa de valores. Cuando liquidó la totalidad de su portafolio entre los meses de diciembre de 2005 y febrero de 2006 todos pensamos que se iba a retirar pues ya contaba con el equivalente a unos 60 millones de dólares en su haber y mas de 30 años en ese negocio. Todos quedamos incrédulos cuando aquel hombre dijo que le parecía que las acciones estaban muy caras y que se iba a retirar pero solo por algún tiempo mientras los precios se normalizaban. Cuando lo vimos nuevamente en la oficina de la firma comisionista en junio de ese mismo año nadie pensó que cuando todos estábamos en shock y algunos hasta en el hospital, este hombre quería comprar las acciones que todos querían vender. Recuerdo que su corredor me comentó que él decía que compraba en ese momento porque las acciones de las mejores empresas estaban muy baratas y que no le importaba si seguían bajando más. De hecho, si eso llegaba a suceder compraría aun mas acciones. En ese momento yo suponía que él tenía un don especial para predecir lo que iba a pasar en el mercado pues apenas unos pocos meses después los precios ya se habían recuperado bastante. Después comprendí que él no tenía ni idea de lo que iba a pasar con el mercado sino que se trataba de un inversionista que aplicaba los principios de Graham del value investing y eso le garantizaba hacer compras a los mejores precios. Ahora estoy seguro de que si en esa época yo hubiera conocido este enfoque para invertir no solo me hubiera evitado ese dolor de estómago que sentía cada vez que abría el mercado y los precios caían un 10% un minuto después sino que en vez de salir corriendo hubiera hecho mi agosto comprando acciones de las mejores empresas de este país a precio de huevo. Pero la vida es un juego largo que da oportunidad para el desquite y de continuar la euforia compradora de acciones que estoy viendo en la bolsa colombiana, creo que ese desquite será pronto. Amanecerá y veremos.
viernes, 11 de junio de 2010
El sueño de la casa propia
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lunes, 26 de abril de 2010
Mi primer millón
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domingo, 4 de abril de 2010
2 horas + 1 calculadora = 0 estupideces
Si la memoria no me falla, fue en el año 1998 cuando asistí a la clase de matemáticas financieras de mi programa de pregrado en la Universidad del Norte. Los estudiantes de aquella materia tuvimos la gran fortuna de tener al Ingeniero Alfredo Borrero Páez como catedrático, hombre con una capacidad única para transmitir los conceptos en una forma tan clara que solo le faltó llevar la plastilina al salón de clases. Además, el Ingeniero Borrero estaba totalmente convencido de la importancia que tendría el tema en nuestras vidas. Y vaya que la ha tenido, pues por lo menos en mi caso, lo que ahí aprendí me permitió ganar mis primeros honorarios y desde entonces la calculadora financiera se volvió mi compañera inseparable dejando a un lado la calculadora de ingeniería.
Desde esa época, casi a diario veo situaciones que me han hecho reflexionar sobre el grado de ignorancia financiera en el que vive, creo yo, 19 de cada 20 personas. Dicha ignorancia tiene un costo incalculable en los bolsillos de esas personas y lo peor es que no saben que tienen un problema, pues por el hecho de ser mayoría sienten que eso es lo normal. La mayoría de las veces me toca observar impotente al pobre individuo que dice y comete barbaridades sin poder yo ayudarle en nada pues es tal el grado de ignorancia que uno no sabe por donde comenzar. Otras veces, cuando no aguanto quedarme callado, hago el intento de explicar algunos conceptos y lo que encuentro son oídos sordos. Solo en algunas pocas ocasiones he logrado ahorrarle algunos dolores de cabeza al pobre cristiano después de muchas horas de paciente explicación. Afortunadamente me gusta enseñarle a otros y no tengo problema con eso.
Algunas de las situaciones que me ha tocado observar o en las que me he involucrado son las siguientes:
1. Mis primeros honorarios. Una tarde cualquiera me encontraba en mi residencia de estudiante universitario en Barranquilla estudiando para un examen de matemáticas financieras y quise hacer un ejercicio que no fuera sacado del libro guía del profesor sino de la vida real. Recordé que un par de años atrás unos familiares habían adquirido una propiedad en el popular balneario de Coveñas en la costa norte colombiana y que la financiación para adquirir el inmueble no se hizo a través de ningún banco sino directamente con los constructores del proyecto. El ejercicio consistía en calcular la cuota fija que estaban pagando, una vez tuviera el valor de compra de la propiedad, el de la cuota inicial y el porcentaje de interés de la financiación. Llamé a uno de los compradores, que era un tío, para que me diera los datos y procedí a realizar el cálculo. A los 10 minutos volví a llamar a mi tío para darle el valor de la cuota. Oh sorpresa… la cuota que estaban pagando era muy superior a la que deberían pagar con el supuesto interés de financiación que le ofrecieron los constructores. Me tomó solo 5 minutos descubrir que con la cuota que estaban pagando actualmente, el crédito debía quedar saldado en solo 35 meses y no en 60 meses como lo plantearon los constructores. Después de un par de reuniones con los promotores del proyecto, aceptaron el “error” y a mis tíos solo les tocó pagar 35 cuotas, ahorrando mas de 40 millones de pesos en las 25 cuotas que no tenían porqué pagar. Afortunadamente mis tíos me escucharon y yo cobré mis primeros honorarios que fueron el equivalente a la cuota 36.
2. El almacén de motos. Hace poco descubrí por accidente que el verdadero negocio de los almacenes de motocicletas está en la financiación de la misma. Un familiar de mi esposa, a quien llamaré Roberto, iba a comprar uno de estos vehículos. El valor de contado del modelo seleccionado era de $4.250.000 incluida la matrícula y el seguro. La asesora del almacén le ofreció muy amablemente a Roberto la posibilidad de financiar la compra pagando una cuota inicial de $1.000.000 y una cómoda cuota mensual de $213.000 durante 24 meses. Solo toma 15 segundos ingresar los datos a la calculadora financiera y obtener como resultado un escandaloso interés de financiación del 3.99% mensual. Por eso le recomendé a Roberto que solicitara un crédito de libre inversión en su banco, pues el interés máximo permitido por el gobierno estaba en ese momento ya por debajo del 2% mensual. Por fortuna me escuchó y pagó su moto con el crédito bancario, dejando a un lado la costosa financiación del concesionario. La cuota en el banco le quedó en $167.000, logrando un ahorro mensual de $46.000 que en ese monto de crédito es bastante considerable.
3. Las dos señoras prestamistas. Conozco a un par de señoras de pueblo cuya fuente principal de ingresos es prestar dinero al interés. Una es profesora de escuela y la otra posee un pequeño almacén de ropa. La profesora acaba de cumplir 50 años de edad, la comerciante está llegando a los 60 años. Calculo que cada una de ellas posee más de 50 propiedades entre casas, apartamentos, lotes y locales comerciales que les deben generar arriendos superiores a los $30 millones mensuales. Cada una de ellas debe tener una cartera total colocada entre sus clientes que supera los $3.000 millones (mas de US$1.5 millones) que les debe generar unos $70 millones mensuales en solo intereses. Ellas son el típico caso del nuevo rico colombiano del que hablé en otro artículo pues unos 20 o 25 años atrás no poseían nada material. En días pasados visité en compañía de mi esposa a una de ellas buscando un crédito (bastante grandecito, por cierto) para un amigo que necesitaba el dinero para un nuevo negocio. La señora me atendió en su pequeño almacén y me manifestó que en ese momento no contaba con el dinero porque acababan de pasar las elecciones y le prestó a muchos políticos, pero que apenas reuniera el monto solicitado ella me avisaría. Después de salir de la reunión, mi esposa me dijo:
- “De donde ha sacado tanto dinero esa señora?”, “no creo que ese almacén de para tanto”, “ahí hay algo raro…”.
Son los típicos comentarios de quien no conoce la magia de las matemáticas financieras y de lo que los sacrificios personales durante un tiempo prolongado pueden lograr.
Cuando llegamos a la casa saqué mi calculadora y le expliqué.
- Mira, esta señora tiene un pequeño almacén en donde vende ropa a crédito con precios altos. Si tú le pagas de contado te hace un gran descuento y de todas maneras ella gana un margen por la venta (20% o 30% tal vez), pero si le pagas a crédito, además de lo que gana por la venta, ella está ganando por la financiación y de esa forma aumenta mucho más su margen de utilidad.
- Si. Pero eso no explica como ha hecho para tener tanto dinero. Ese almacencito no da para tanto. Volvió a responder mi esposa.
- Entonces pongámosle números a la cosa. Si suponemos que tu eres esa señora y comienzas tu almacén hoy con una inversión de $20 millones (US$10.000) y, para no exagerar, entre ventas, financiación y pérdidas logras darle un rendimiento a ese capital del 3% mensual durante 20 años, y reinviertes toda la utilidad inmediatamente, ¿sabés cuanto capital tendrías después de ese tiempo?
- No sé. 20 años es mucho tiempo. ¿Unos mil millones de pesos?
Yo ingresé los datos a mi calculadora y le di el resultado.
- No son mil millones de pesos. En realidad la cifra es un poco mayor. Son $24.097 millones, o sea mas de 12 millones de dólares. Así que creo que ella en sus inicios tuvo que gastar buena parte de sus utilidades para vivir y por eso hoy después de tanto tiempo aun su patrimonio no ha llegado al nivel que debería tener.
Mi esposa me miró incrédula ante la cifra que acababa de escuchar, doce millones de dólares, pero después de unos minutos de explicación, creo que alcanzó a entender algo y a emocionarse un poco con la idea de poner a producir sus pequeños ahorros durante 20 años. Desde mi punto de vista, las señoras prestamistas podrían tener mucho más de lo que actualmente tienen si fueran más cuidadosas y se asesoraran un poco.
Durante varios años, además de las situaciones descritas aquí, he visto infinidades de cosas que me han hecho pensar en ayudar de alguna forma a estas personas que son totalmente ignorantes en lo que se refiere al manejo del dinero (por supuesto las prestamistas no hacen parte de ese grupo). He visto a personas comprar cosas que no necesita porque las pueden pagar en cómodas cuotas mensuales; he visto a personas pagar el mercado que hace cada quince días con una tarjeta de crédito y diferirlo a 6 o 12 meses, creando un hueco cada vez mas grande; he visto muchas personas haciendo cuentas y preguntarse “cuantas veces voy a pagar mi casa?” cuando tienen unos créditos de vivienda con unos intereses envidiables para cualquier hombre de negocios; he visto a personas invertir en empresas milagrosas que no hacen si no estafarlos; he visto personas salir de la empresa donde trabajaron durante 20 años con una liquidación cuyo valor equivale a unas 100 o 150 veces el salario mensual que ganaban y no tienen la mas remota idea de qué hacer con su dinero; la mayoría de las veces este dinero no demora mas de 1 o 2 años en desaparecer; he visto a personas con trabajos muy bien remunerados y después de 10, 15 o 20 años lo único que tienen son deudas impagables.
Todos estos casos son los que me han hecho reflexionar y he llegado a la sencilla fórmula que titula este artículo: 2 horas + 1 calculadora = 0 estupideces. Es así de sencillo. Si cada una de estas personas decidiera dedicar 2 horas de su tiempo a aprender unos sencillos conceptos y comprara una calculadora financiera (la mejor del mercado no llega a los $300.000), no volverían a cometer estupideces con el dinero que tanto les ha costado ganar. Por eso aprovecho estas líneas para informarles a todos mis amigos que quieran salir de esa nebulosa en la que se encuentran que, en la medida en que mi tiempo me lo permita, estoy dispuesto a dedicarles esas 2 horas iniciales de instrucción totalmente gratis para que dejen de hacer cosas con su dinero que pueden tener consecuencias perjudiciales en su vida. Quedo a su disposición.
miércoles, 13 de enero de 2010
Donde está el dinero que hoy reclaman los inversionistas de DMG?
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Comenzando el año 2010 no dejan de sorprenderme las manifestaciones de los incautos “inversionistas” de la pirámide DMG a favor de su verdugo, David Murcia Guzmán. Este hábil, ambicioso e inteligente vendedor de ilusiones cuyo origen humilde no le impidió hacer realidad sus mas grandes sueños de riqueza y poder (algo bastante meritorio, por cierto), ha sido capaz de mantener a sus fieles seguidores con la idea de que fue el Gobierno Nacional quien los llevó a la ruina al cerrar sus empresas y no permitirles seguir funcionando. Desafortunadamente para los miles de mal llamados “inversionistas”, o mejor dicho estafados de la pirámide, no es posible reabrir las operaciones de DMG simple y sencillamente porque lo único que se lograría sería agrandar el problema.
Las pirámides como DMG funcionan bajo el llamado método Ponzi, en honor al italiano que lo inventó. Este método consiste en crear un esquema en el que se prometen grandes utilidades para captar dinero en forma masiva. Al haber grandes utilidades de por medio, lo lógico es que si el negocio es tan bueno, son muy pocas las personas que retiran el dinero de él y muchas las que reinvierten el capital y sus “utilidades” aunque estas estén solo en el papel. De esta forma son muchos más los que llevan sus ahorros a la pirámide que los que retiran su inversión. El dinero para pagarle a los pocos afortunados que retiran su inversión no es más que el mismo dinero de los que están invirtiendo en ese momento. De esa manera se puede cumplir a los inversionistas durante un tiempo que, dependiendo del éxito de la pirámide, pude variar entre unos pocos meses a varios años.
La pirámide más famosa a nivel mundial se descubrió en diciembre de 2008 en Nueva York y operaba camuflada como un prestigioso fondo de inversión en Wall Street dirigido por el célebre inversionista Bernard Madoff. Esta pirámide permaneció durante más de 40 años sin ser descubierta pues pagaba una rentabilidad anual moderada, pero lo suficientemente alta para que cada año se multiplicaran sus clientes (entre 14% y 19% anual). Pero a pesar de que el valor de la estafa fue 80 veces mas grande que el de DMG, demoró mas de 40 años operando y la inversión mínima para acceder a este fondo era de 1 millón de dólares, ninguno de los inversionistas de la pirámide de Wall Street, llamada Bernard Madoff Investment Securities LLC, ha negado el hecho de que fueron estafados y, por el contrario, han enfocado sus esfuerzos en perseguir los bienes del señor Madoff para recuperar aunque sea una mínima parte del capital invertido.
Por qué reaccionan en forma tan diferente los inversionistas de la pirámide de Madoff en Wall Street en comparación con los inversionistas Colombianos cuando el método de la estafa fue el mismo? Recordemos que la pirámide de Madoff, al igual que la Colombiana, nunca dejó de cumplirles a sus inversionistas. La respuesta tiene solo dos palabras: Educación financiera. Los inversionistas de Madoff eran personas de alto perfil educativo y socioeconómico que dirigían otros fondos legales alrededor del mundo. Eran banqueros y financistas que conocen el funcionamiento de la economía y la operación de cualquier fondo de inversión, saben lo que es el método Ponzi, saben como fueron estafados, saben que el dinero no existe sino en el papel y saben que ya no lo pueden recuperar. Muy distinto es el caso de los inversionistas Colombianos; amas de casa, ingenieros, médicos, empleados, mensajeros, abogados, tenderos, agricultores, etc., que no conocen lo que es el método Ponzi, no saben como debe funcionar un Fondo de Inversión y continúan con la esperanza de recuperar el dinero basados en el hecho de que DMG ya llevaba varios años cumpliendo hasta que el Gobierno cerró sus puertas.
Para ilustrar un poco más el método de la estafa, les doy el siguiente ejemplo. Yo podría pedirle prestado a un amigo $10 millones para invertir en un negocio que tengo y que es muy lucrativo (supuestamente). Para que mi amigo me preste le digo que le voy a pagar un interés mensual del 4% pues mi negocio es muy bueno y le puedo pagar ese interés. De los $10 millones que me prestó mi amigo me gasto $5.2 millones en restaurantes, casinos y rumba y dejo los otros $4.8 millones para pagarle los intereses del primer año. Como le he quedado bien a mi amigo, al cabo de un año cuando ya no tengo dinero, le pido que me recomiende con otro amigo para que me preste otros $10 millones bajo las mismas condiciones. Ahora debo $20 millones a mis dos amigos y solo tengo $10 millones. Con los nuevos $10 millones cubro los intereses de mis dos amigos y me pueden recomendar para que otro me preste mas dinero bajo las mismas condiciones y poder seguir gastando, al mismo tiempo que les cumplo y así sucesivamente. Por su puesto que los primeros amigos que me prestaron obtendrán utilidades, pero los últimos no contarán con la misma suerte cuando ya no sea capaz de conseguir los suficientes amigos para poder pagar los intereses y se descubra mi fraude.
En resumen, y para responder a la pregunta que titula este artículo, el dinero de los estafados de DMG que hoy reclaman su inversión en su mayoría lo tienen los que sí lograron salir con utilidades de ese fantástico negocio, pues fue con el dinero de los últimos en entrar que se pagaron las exorbitantes utilidades de los primeros que entraron y que sí lograron salir ganadores del esquema. El dinero no lo tiene David Murcia ni el Gobierno. El dinero se perdió y punto!