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viernes, 26 de agosto de 2011

Carta abierta al ganador del Baloto


Querido afortunado ganador del Baloto. Sea este el medio para felicitarte por la increíble suerte que acabas de tener. Como no te conozco y creo que tampoco nos vamos a conocer, puedes tener la tranquilidad de que no busco hacer parte del grupo de “nuevos amigos” que vas a tener de ahora en adelante y que solo estarán interesados, en su mayoría, en algún beneficio de esa amistad. Por el contrario, lo único que quiero es brindarte unos consejos para que no repitas la historia de la mayoría de los que ganan loterías (por favor lee el artículo Cuanto dura el gordo de la lotería).
Primero que todo, te recomiendo que veas las cosas en perspectiva. A los 74.000 millones de pesos réstale el 20% de la retención en la fuente y te quedan 59.200 millones de pesos a recibir. Al cambio de hoy, son unos 33 millones de dólares aproximadamente. Indudablemente acabas de ganar una fortuna pero recuerda que debe haber cientos de familias colombianas que poseen un patrimonio similar o superior a ese. La diferencia es que no lo tienen en efectivo porque está representado en empresas, propiedades e inversiones de todo tipo y, además, no lo ganaron en la lotería sino haciendo negocios.
Como sé que compraste el premio en El Paso, Cesar, es posible que seas empleado de la empresa Drummond. Piensa que si hoy fueras donde los hermanos Drummond a comprarles la mina que tienen allá, con tus 33 millones de dólares solo lograrías el 0,4% de la propiedad, pues ese chuzo lo están vendiendo por 8.000 millones de dólares. O sea que cuando los hermanos Drummond vendan su mina y se lleven el dinero del país, lo que tú consideras una gran fortuna, para ellos solo será el 4 x mil que les quita el gobierno en la transacción.
Hoy leí en Twitter un chiste que decía que Steve Jobs, el presidente y fundador de Apple que renunció anteayer, lo había hecho porque se ganó el Baloto. Jajajaja, me dio mucha risa la comparación porque tendrías que ganarte 251 veces ese mismo premio que acabas de ganar para poder igualar la fortuna con la que hoy se ha retirado Steve Jobs. Dicho sea de paso, Steve nunca ganó una lotería ni recibió herencia pues sus padres eran de la clase trabajadora. Toda esa fortuna salió de su brillante, creativo y visionario cerebro.
Te digo esto para que, en vez de sentirte grande entre los pobres, te sientas pequeño entre los ricos y de esta forma te sigas manteniendo humilde. Cuando uno siente que está abajo, quiere subir. En cambio cuando uno siente que está muy arriba, lo que hace es despilfarrar migajas inútiles para demostrar la grandeza que no tiene. Nada de andar haciendo tiros al aire, pateando busetas ni alardeando borracho de que puedes comprar cuando quieras el negocio de donde te están echando.
Claro que es justo y sano que destines parte de tu premio a solventar las carencias económicas de tus familiares y amigos más cercanos, pero no te puedes dar el lujo de solucionarle sus problemas al pueblo entero. Los problemas de la sociedad no se solucionan con caridad sino con política económica. Tu principal aporte a la sociedad será invertir ese dinero sabiamente para que, en principio te beneficie a ti mismo con los dividendos obtenidos, y en últimas beneficie a la comunidad gracias a los empleos que se generen, al aporte al PIB del país y a los impuestos que vas a tener que pagar año tras año.
Como seguramente no eres un hombre acostumbrado a manejar negocios e inversiones, o por lo menos no esas cifras, te aconsejo que busques ayuda profesional para invertir todo el capital antes de tomar decisiones influidas por tus nuevos amigos y antes de gastar dinero en carros, casas, yates y cosas por el estilo.
Si me lo permites, te voy a recomendar que inicialmente hagas un presupuesto para vivir la vida que quieres vivir y compres propiedad raíz hasta que con los arriendos llegues a ese nivel de ingresos mensuales que quieres mantener. De esa manera te puedes gastar los arriendos viviendo y las propiedades siempre las vas a tener ahí. Por ejemplo, si determinas que tu nuevo nivel de vida vale 60 millones de pesos mensuales, por decir una cifra cualquiera, tendrás que invertir aproximadamente 10.000 millones de pesos en propiedad raíz (apartamentos, casas, locales, bodegas, oficinas, etc) para que te generen los 60 millones en arriendo mensual. Así que los 49.200 millones de pesos restantes podrás invertirlos en activos a largo plazo que no tengas que sacarles dinero mensual y de esa forma se irán multiplicando. El dinero tiene la cualidad de que, en las manos correctas, se multiplica, pero en las manos equivocadas, desaparece por completo sin tener en cuenta que tan grande haya sido alguna vez la fortuna.
Ojo que para que el dinero desaparezca no necesitas gastarlo. Si hoy compras una propiedad cualquiera y gastas 2.000 millones de pesos y mañana te arrepientes, puede que la vendas solo por 1.500. Esos 500 millones no te lo gastaste tú, no los disfrutaste, pero desaparecieron gracias a una mala decisión.
Siguiendo con el ejemplo, supongo que de los 49.200 millones habrás repartido unos 4.200 entre tus familiares, amigos más cercanos, y a la caridad. Así que tendrás 45.000 millones disponibles para invertir a largo plazo. Por supuesto que no tienes ni idea de en qué vas a invertir todo ese dinero. Pues te recomiendo que te alejes de los negocios pequeños, de los negocios de barrio, de la flota de taxis o de busetas, de las platas al interés, o cosas por el estilo. Te vas a volver loco administrando tu mismo todo eso. Esos son negocios para personas que apenas comienzan con capitales más pequeños.
Ahora que tienes tal volumen de recursos caído del cielo lo que tienes que hacer es invertir en empresas de mediano tamaño que ya estén constituidas, produciendo utilidades, con una estructura gerencial formada y de primera calidad, con algunos años de tradición y una marca reconocida en el mercado. No arranques de cero tú con ningún negocio. Hazte socio de esas empresas. Esas empresas no las vas a encontrar inscritas en la Bolsa de Valores de Colombia. Las empresas que están en la Bolsa son mucho más grandes, no vas a tener ningún control sobre ellas y vas a entrar en un juego especulativo que no conoces, te vas a ver tentado a estar comprando y vendiendo acciones a toda hora, con lo que muy seguramente vas a empezar a perder dinero tarde o temprano porque no tienes la formación académica para conocer lo que estás haciendo.
Entonces, donde están esas empresas? Pues obviamente no te vas a poner a buscar en el directorio telefónico y le vas a tocar en la puerta de su oficina a don Arturo Calle para decirle que quieres invertir en su negocio sin mas carta de presentación que haber sido el ganador del baloto. Te van a cerrar la puerta en tu cara. Lo que debes hacer es buscar una firma dedicada a hacer Banca de Inversión. Los principales grupos financieros del país tienen su filial de Banca de Inversión. Ellos son especialistas en valoración de empresas, para que puedas comprar participaciones importantes al precio justo y puedas recibir buenos dividendos o ser parte del aumento de su patrimonio gracias al crecimiento de estas empresas. Ellos saben qué empresas buscan socios y tu eres un socio potencial.
Quiero decirte una última cosa. Cuando compras una propiedad destinada a aumentar tus ingresos, es una inversión. Cuando compras una propiedad que no te genera ingresos, es un gasto. Recuerdo el año pasado la noticia sobre la bancarrota del actor Nicolas Cage. A este señor le tocó declararse en bancarrota porque había comprado tantas casas (supuestamente inversiones) que para poderlas mantener necesitaba un ingreso anual de 25 millones de dólares y “solo” se estaba ganando 20 millones de dólares al año (un Baloto como el tuyo cada año y medio). Pobrecito! Eso demuestra que la salud de tus finanzas no depende del tamaño de las cifras sino de las buenas o malas decisiones que se tomen para administrarlas.
Me he tomado la tarea de escribirte todo esto porque soy enemigo del despilfarro y de paso le sirve a cualquier otro lector que también, al igual que tu, le haya caído una platica del cielo y no sabe qué hacer con ella. Es en serio, no quiero que repitas la misma historia del señor Juan Buchaar, el del artículo que cité al inicio de este escrito. Espero que disfrutes tu nueva vida y los placeres que el dinero puede comprar.

miércoles, 3 de agosto de 2011

A propósito de ECOPETROL

Últimamente he escuchado con frecuencia a las personas conversando sobre un tema de moda: la nueva emisión de acciones de ECOPETROL. Algunos amigos han solicitado mi opinión y con toda sinceridad me ha tocado responderles que no he analizado esa emisión. La verdad es que, por un lado, no he tenido tiempo para hacer la tarea y, por el otro, mi capital es tan pequeño que necesariamente debe estar concentrado y no admite diversificación por el momento. Sin embargo, me preocupa que todavía no he escuchado a la primera persona que tenga un solo argumento sólido para realizar la inversión. Están jugando al casino con el dinero que tanto les ha costado ganar y ahorrar. No estoy diciendo que la inversión sea mala porque, como ya lo dije, ni siquiera la he analizado. El motivo de mi preocupación es el hecho de saber que todos invierten sin hacer la tarea de un verdadero análisis que toma tiempo hacer.

A todas las personas que quieren incursionar en las inversiones en bolsa solo les recomiendo una cosa: Lean los libros Security Analysis y El inversor inteligente de Benjamín Graham. Si no quieren perder tiempo y dinero, en estos dos libros encuentran todo lo que necesitan saber para ser exitosos a largo plazo en la bolsa y en cualquier inversión que quieran realizar.

Se han escrito cientos de libros que tratan de enseñar los métodos de inversión de Warren Buffett, el mejor inversionista que ha dado la historia de la humanidad, leyenda viviente que con solo estornudar hace que a las bolsas del mundo les de gripa. Pero Buffett fue discípulo de Graham y fue él quien le enseño las bases de su técnica para seleccionar acciones.

A continuación transcribo para mis lectores el prólogo escrito por Warren Buffet para la última edición en español de Security Analysis. Espero que las palabras del mismo Buffett los animen a leer los libros que les estoy recomendando, pues estos pueden cambiar su futuro financiero en forma radical.

Prólogo del libro Security Analysis, por Warren E. Buffet

Hay cuatro libros en mi nutrida biblioteca por los que siento una especial predilección, y todos ellos fueron escritos hace más de cincuenta años. No obstante, seguirían teniendo un enorme valor para mí si los leyera hoy por vez primera; la sabiduría que albergan perdura en sus amarillentas páginas.

Dos de estos libros son primeras ediciones de La riqueza de las naciones (1776), de Adam Smith, y El inversor inteligente (1949) de Benjamin Graham. El tercero es, precisamente, una copia original de este libro, Security Analysis de Graham y Dodd. Estudié con este libro cuando era alumno de la Universidad de Columbia en 1950 y 1951 y tuve la suerte de tener a Ben Graham y a Dave Dodd como profesores. Estos dos hombres y su libro Security Analysis cambiaron mi vida.

Desde un punto de vista práctico, lo que aprendí por aquel entonces se convirtió luego en el fundamento sobre el cual se cimentaron todas mis decisiones comerciales y de inversión. Antes de conocer a Ben y a Dave, sentía ya una cierta fascinación por el mercado de valores. Antes de comprar mis primeras acciones a la edad de 11 años – tardé ese tiempo en reunir los 115 dólares necesarios para realizar la adquisición – había leído todos los libros de la biblioteca pública de Omaha que estaban relacionados con la inversión en Bolsa y descubrí que muchos de ellos eran fascinantes e interesantes, pero que ninguno me resultaba realmente de utilidad.

Sin embargo, mi odisea intelectual terminó cuando conocí a Ben y a Dave, primero a través de sus escritos y luego personalmente. Ellos diseñaron una hoja de ruta para inversiones que he estado siguiendo a lo largo de cincuenta y siete años. No he tenido motivos para buscar otra.

Pero más allá de las ideas que Ben y Dave me proporcionaron, estuvo la amistad, el estímulo y la confianza que irradiaron en mí. No les interesaba lo más mínimo lo que un joven estudiante pudiera darles a cambio, simplemente querían brindarme toda la ayuda que estaba a su alcance. Esto es, probablemente, lo que más admiro de estos dos autores. Estaba escrito, desde que nacieron, que serían hombres brillantes; pero ellos, además, eligieron ser amables y generosos.

Los misántropos se habrían sentido confundidos por su conducta. Ben y Dave enseñaron, literalmente, a miles de potenciales competidores, jóvenes que, como yo, estaban dispuestos a comprar valores en oferta o a involucrarse en transacciones de arbitraje, compitiendo directamente con la Graham-Newman Corporation, la compañía de inversiones de Ben. Y más aún, Ben y Dave solían exponer textos y ejemplos actuales de compañías inversoras en sus clases, por lo que, de hecho, hacían prácticamente el trabajo por nosotros. El modo en que se comportaban me dejó una profunda impresión – como en muchos de mis compañeros de clase – al igual que sus ideas. Nos enseñaron no solo a invertir con sensatez, sino a vivir sensatamente.

El ejemplar de Security Analysis que guardo en mi biblioteca y que utilicé cuando estudiaba en la Universidad de Columbia es el de la edición de 1940. Estoy seguro de que lo he leído por lo menos cuatro veces por lo que, es obvio, que para mí es un libro especial.

Ahora fijémonos, sin embargo, en el cuarto libro que acabo de mencionar, que para mí tiene un valor inestimable. En el año 2000, Barbara Dodd Anderson, la única hija de Dave, me dio el ejemplar de Security Analisys que tenía su padre. Se trata de una edición de 1934 y tiene cientos de notas en los márgenes. Fueron anotadas por Dave mientras preparaba la publicación de la edición revisada de 1940. Ningún regalo ha significado tanto para mí.

domingo, 1 de agosto de 2010

El value investing o inversión en valor

Tengo que confesarlo. En el año 2006 cuando era corredor de bolsa para una firma comisionista en Bogotá fui de los damnificados de la estrepitosa caída del mes de junio de ese año. A partir de ese mes no solo desaparecieron mis ingresos por comisiones, las cuales solo un mes atrás representaban el 75% de todo mi ingreso laboral, sino que al igual que mis clientes, perdí buena parte de los ahorros de varios años de trabajo y sacrificios personales. A partir de ese momento inicié la búsqueda de otro trabajo pues se me hacía extremadamente difícil atraer a nuevos inversionistas a la bolsa de valores en un momento tan complicado.

Desde el año 1999 cuando se fusionaron las tres bolsas de valores colombianas en una sola, todo había sido fiesta. En un mercado al alza todos ganan. Todos se sienten expertos inversionistas y desafortunadamente se crean burbujas especulativas porque todos confiaban en que lo único que había que hacer era comprar cualquier acción de una buena empresa y esperar a que el precio subiera como espuma. Si el precio caía, no había problema porque tarde o temprano volvía a subir. Los corredores mostrábamos orgullosos las altas valorizaciones de los últimos años a nuestros prospectos de clientes convencidos de que siempre iba a ser así. Era muy parecido a lo que estamos viendo este año con las acciones colombianas, las cuales están en estos momentos en niveles récords en la historia de nuestro pequeño mercado. Por supuesto que en ese escenario no estábamos preparados para un desplome de más del 40% en menos de 20 días.

Algún tiempo después, al ver que Warren Buffet, actualmente el mejor y mas grande inversionista del mundo, permanentemente cita a su maestro Benjamin Graham y considera su libro, El inversor inteligente, como “el mejor libro sobre inversión jamás escrito”, me interesé por dicho libro. Además, Buffet siempre ha dicho que él no tiene ningún secreto pues este está a la vista de todo el mundo en ese libro. De hecho todos los compañeros de Buffet que trabajaron en la década del 50 en la firma de Graham han tenido rendimientos consistentes a lo largo de todos estos años y sobra decir que han hecho también sus propias fortunas. Cuando inicié su lectura no pude evitar una gran sensación de euforia por todo lo que este me revelaba. En consecuencia, solo me tomó una semana de mis vacaciones leer las 617 páginas de la séptima edición en español de esa obra maestra.

En el artículo anterior quedé comprometido a explicar el concepto de la inversión en valor y lo voy a hacer con un ejemplo sencillo para que sea entendible por cualquiera que lea estas líneas. Por supuesto que no será un ejemplo detallado pero sí espero que la idea general sea captada por el lector.

Supongamos que muy cerca de mi casa hay una panadería. Los panes son muy buenos y el negocio está siempre abarrotado de clientes. Es un negocio exitoso. Un día el señor Juan, que es el dueño de la panadería, invita a una reunión a todos los vecinos del barrio. El objetivo de la reunión es ofrecer en venta acciones de su panadería por 1.000 pesos cada una. Él informa que el horno, las mesas, el inventario y todos los activos de su negocio valen 100 millones de pesos y que las utilidades generadas por el negocio en el último año fueron de 36 millones de pesos. El dinero recolectado con la emisión de acciones será para montar un nuevo local en el barrio vecino, así que él necesita vender $100 millones en acciones para llevar a cabo su expansión. Por supuesto que como todos los vecinos conocen el negocio y saben que es muy bueno y exitoso acceden a comprar todas las acciones que les vende Juan al valor propuesto. Supongamos que yo, ante la oportunidad de invertir en semejante negocio, compro 10.000 acciones, o sea que invierto $10 millones en el negocio de Juan. Tiempo después veo que muchos socios están vendiendo sus acciones a $8.000, a $6.000 hasta llegar a $3.000, así que si me baso por las ventas que han hecho mis vecinos (el mercado), ahora mi inversión solo vale $3 millones. He perdido el 70% de lo que invertí.

Por qué sucedió esto si el negocio de Juan es tan exitoso y no ha dejado de serlo? Porque nadie supo en cuantas acciones dividió Juan su negocio. Resulta que el negocio de Juan estaba dividido en 1 millón de acciones en total, o sea que al multiplicar el millón de acciones por $1.000 cada una, Juan estaba valorando su negocio en 1.000 millones de pesos cuando sus activos solo eran de la décima parte de esa cifra. Al comprarle 100.000 acciones a Juan, sus vecinos compramos por $100 millones solo el 10% de un negocio que ahora tiene $200 millones en activos. Al dividir los $200 millones que vale el patrimonio de los dos locales actuales entre el millón de acciones del negocio, tenemos como resultado un valor patrimonial de solo $2.000 por cada acción. Por esa razón el precio de la acción se desplomó a solo $3.000, porque las utilidades y el valor del negocio no correspondían a la elevada valoración a la que compramos. En ese valor hay una prima de $1.000 por el negocio y el resto es el valor patrimonial.

En la bolsa de valores la situación no es muy distinta que en la panadería de Juan. Muchas personas compran acciones simplemente porque el negocio es muy bueno y tiene prestigio, reporta buenas utilidades o porque el sector tiene buenas expectativas de crecimiento, sin siquiera darse cuenta del precio que están pagando por esos negocios. Suponen que porque el negocio es bueno, el precio siempre debe subir. Otros inversionistas son mucho más juiciosos y realizan el análisis técnico, que consiste en analizar mediante gráficas las tendencias de los precios de una determinada acción sin tener en cuenta los resultados de la empresa que esta acción representa. Si los precios han venido subiendo, suponen que hay que comprar porque estamos en tendencia alcista o bullísh. Si estos han venido bajando, se supone que hay que vender porque estamos en tendencia bajista o bearish. En realidad estas personas no son inversionistas sino especuladores tratando de adivinar el futuro. Tratan de saber hacia donde se va a mover el mercado, pero desafortunadamente el mercado es totalmente irracional. Los precios en un día cualquiera solo dependen del estado de ánimo de las masas que lo conforman. Precisamente este tipo de análisis de especuladores fue lo que llevó a las valorizaciones astronómicas de las empresas punto com del mercado Nasdaq en los Estados Unidos en la década de los 90’s (muchas de estas empresas llegaron a venderse hasta por 200 veces el valor de su patrimonio y por 300 veces el valor de las utilidades de su último año), inflando una burbuja que reventó en el año 2000 donde muchas de estas acciones perdieron mas del 99% de su valor.

Graham demostró que el mercado es como un péndulo. El centro de ese péndulo es el valor real o intrínseco de la acción (o de la empresa si se quiere). El precio siempre tiende a oscilar entre los altos niveles cuando el optimismo y la codicia se apoderan de las masas y los bajos niveles cuando reina el temor a perder dinero. Por lo tanto, para ser exitoso hay que dejar de especular creyendo que vamos a adivinar el precio futuro. Hay que analizar el negocio subyacente y no la acción como un simple título. Si compramos a buen precio acciones de una empresa después de hacer un análisis concienzudo y racional de su patrimonio, de sus utilidades históricas, de su política de dividendos y de sus directivos, perfectamente nos podemos olvidar del precio que el irracional mercado dicta todos los días porque nuestro objetivo como inversionistas es aprovechar las utilidades que nos da la empresa por medio de sus dividendos y no esperar una valorización inmediata para vender. Nuestra inversión es a largo plazo, mínimo a 10 años. Al tener la seguridad de que compramos a un buen precio no tiene porqué preocuparnos si las acciones bajan o suben. Al comprar de esta manera tampoco importa mucho si la acción no cotiza en bolsa pues no nos interesa vender ni tampoco nos interesa que a cada minuto nos estén dando un nuevo precio. Es mas, si el precio baja deberíamos estar contentos porque podemos comprar mas acciones de ese buen negocio a un mejor precio. A la larga, si compramos a buen precio, el mercado nos dará la razón al valorar la empresa en su precio justo en algún momento.

Por supuesto que de las cosas mas importantes del método de Graham es saber determinar lo que se puede considerar un buen precio de compra. Para eso hay unos parámetros según el tipo de inversionista que uno es, pero no voy a entrar en esos detalles para no ser más extenso. Solo voy a decir que hay que olvidarse de los gráficos y las tendencias. Solo hay que analizar la relación que hay entre el precio y las utilidades, el patrimonio y la solvencia general de la compañía en el momento en el que pensamos hacer la inversión. Si esta relación es buena, compramos. De lo contrario, no compramos, aunque todo el mundo esté comprando. Con este método podemos encontrar verdaderas gangas a la vista de todos.

Después de conocer todos estos conceptos recordé que en lo peor del desplome del 2006 había un gran cliente de la firma en la que yo trabajaba. Este hombre hizo toda su fortuna en la bolsa de valores. Cuando liquidó la totalidad de su portafolio entre los meses de diciembre de 2005 y febrero de 2006 todos pensamos que se iba a retirar pues ya contaba con el equivalente a unos 60 millones de dólares en su haber y mas de 30 años en ese negocio. Todos quedamos incrédulos cuando aquel hombre dijo que le parecía que las acciones estaban muy caras y que se iba a retirar pero solo por algún tiempo mientras los precios se normalizaban. Cuando lo vimos nuevamente en la oficina de la firma comisionista en junio de ese mismo año nadie pensó que cuando todos estábamos en shock y algunos hasta en el hospital, este hombre quería comprar las acciones que todos querían vender. Recuerdo que su corredor me comentó que él decía que compraba en ese momento porque las acciones de las mejores empresas estaban muy baratas y que no le importaba si seguían bajando más. De hecho, si eso llegaba a suceder compraría aun mas acciones. En ese momento yo suponía que él tenía un don especial para predecir lo que iba a pasar en el mercado pues apenas unos pocos meses después los precios ya se habían recuperado bastante. Después comprendí que él no tenía ni idea de lo que iba a pasar con el mercado sino que se trataba de un inversionista que aplicaba los principios de Graham del value investing y eso le garantizaba hacer compras a los mejores precios. Ahora estoy seguro de que si en esa época yo hubiera conocido este enfoque para invertir no solo me hubiera evitado ese dolor de estómago que sentía cada vez que abría el mercado y los precios caían un 10% un minuto después sino que en vez de salir corriendo hubiera hecho mi agosto comprando acciones de las mejores empresas de este país a precio de huevo. Pero la vida es un juego largo que da oportunidad para el desquite y de continuar la euforia compradora de acciones que estoy viendo en la bolsa colombiana, creo que ese desquite será pronto. Amanecerá y veremos.

viernes, 11 de junio de 2010

El sueño de la casa propia


Hace aproximadamente un mes, mientras esperaba ser atendido en una oficina de la Alcaldía Municipal, escuché a unas señoras que conversaban alegremente. Una le contaba orgullosa a la otra que ella todos los años hacía un crédito de consumo y lo invertía en mejorar su casa porque de esa forma se valorizaba la inversión más grande e importante que tenía. En esta última oportunidad el dinero lo invirtió en cambiar totalmente los pisos por una baldosa más lujosa que la anterior.
Por esos días también leí en la prensa que un muchacho desempleado de 23 años que trabajaba como empacador en un almacén de cadena había canado 100 millones de pesos en el programa Quien quiere ser millonario. La primera declaración que hizo fue que con ese dinero se iba a comprar su casa propia.
Después de escuchar la conversación de las señoras y de leer la historia del muchacho empacador, me pregunté: ¿Si la casa no estaba en venta, por qué la señora cree que su vida va a mejorar si cambia el piso? Yo la veo mas endeudada y con el mismo ingreso. ¿Si el empacador se gasta sus 100 millones de pesos en una casa, como va a llevar la comida a la mesa si está desempleado? ¿no sería mas inteligente poner a producir ese capital y seguir pagando arriendo? La única alternativa del empacador es comprar la casa cerca a una zona universitaria y llenarla de pensionados.
Dado que muchas personas no se dan cuenta de verdades tan obvias decidí escribir sobre este tema de la casa propia. En las siguientes líneas trataré de explicar porqué comprar nuestra propia casa no puede ser visto como una inversión sino como lo que realmente es para la mayoría de los mortales pobres y de clase media: el gasto más grande de sus vidas.
Para iniciar, repasemos un poco la historia económica. El profesor de Harvard, Nial Ferguson, en su libro El triunfo del dinero nos explica que lo que actualmente se llama la democracia de propietarios tiene su origen en los Estados Unidos. Hasta finales de la década de 1920, poco más de las dos quintas partes de las familias estadounidenses eran propietarias de la casa en la que vivían. Cuando llegó la crisis económica de los años 30, el precio de la vivienda cayó más de un 20% y la industria de la construcción se desplomó, lo cual profundizó aun más la crisis por el número de personas que dicha industria empleaba y que ahora quedaron cesantes. Fue en esa época que el Presidente Roosevelt dió luz a una serie de medidas para que las recién creadas entidades de ahorro y préstamo pudieran prestar en forma menos riesgosa a las personas que quisieran comprar vivienda. Además de dar beneficios a estas entidades, también se crearon incentivos para los prestatarios como créditos hasta 20 años, reducción de intereses y préstamos hasta por el 80% del valor de la vivienda. Con estas nuevas condiciones inicia una nueva etapa en la que las entidades prestadoras luchan por los clientes con una estrategia publicitaria enfocada en la casa propia como “la inversión más importante de su vida”. En la medida en que mas personas se hacían propietarias de sus viviendas, el resto no se quería quedar atrás y queda este paradigma grabado en la conciencia popular, inicialmente en los Estados Unidos y posteriormente en el resto del mundo. Por su puesto que nuestro país, Colombia, no es ajeno al paradigma del sueño de la casa propia.
Robert Kiyosaki publicó en 1997 el best seller padre rico, padre pobre. Una de las ideas más controversiales que plantea Kiyosaki en su obra es precisamente la diferencia en el pensamiento de los ricos con relación a la clase media y a los pobres en cuanto a la idea de la casa propia. En términos contables, todo lo que una persona posee es un activo y todo lo que debe es un pasivo. La clase media y los pobres piensan en términos contables y creen que la casa en la que viven es un activo si es propia porque es algo que poseen. Entre mas valor tenga la casa, mas ricos se sienten. Por eso, cuando tienen la oportunidad de “invertir” en su casa, lo hacen sin pensarlo dos veces porque se va a valorizar y van a ser más ricos. Cuando pueden, la venden y se compran una más grande porque de esa forma sienten que van progresando económicamente. Lo mismo sucede con el carro. Entre mas vale, mas ricos se sienten.
Los ricos, según Kiyosaki, piensan diferente y por eso cada día son más ricos. Ellos no tienen en cuenta la definición contable de activo, sino que dentro de su lógica un activo es algo que posees pero que además debe tener la condición de que aumente tus ingresos, o sea que genere renta. Es así de sencillo: si posees algo que mete dinero en tus bolsillos, es un activo; si posees algo que saca el dinero de tus bolsillos, es un pasivo. Por esa razón una misma casa puede ser a la vez activo y pasivo. Si yo soy el dueño de la casa y por ella recibo arriendo, es un activo, pero si decido irme a vivir en ella inmediatamente deja de serlo. Así que los que andan por ahí creyéndose ricachones porque viven en una gran casa propia, andan en un carro de lujo y tienen un apartamento frente al mar para ir de vacaciones (también es su casa propia porque no la arriendan), siento decirles que deben descontar el valor de esas propiedades de la lista de activos que creen poseer para que se hagan una idea de su verdadero patrimonio. Esto es una verdad tan innegable que la SEC (Comisión del Mercado de Valores de los Estados Unidos) no tiene en cuenta el valor de la casa en la que vive un inversionista al momento de calcular sus activos para clasificarlo como inversionista profesional.
Muchas personas que hoy día son ricas y que no nacieron en familias acaudaladas se dedicaron primero a comprar verdaderos activos antes que una casa. Sabían que primero debían poseer activos y dejar ese gusto para después. Pero Kiyosaki no fue el primero en darse cuenta del error de calificar como activo nuestra casa. Ya en 1776 Adam Smith en su obra clásica La riqueza de las naciones lo advertía en un capítulo del Libro II de la obra:
“El fondo que se invierte en una casa de habitación para el propio dueño cesa en aquel mismo momento de hacer las funciones de capital, pues que no rinde producto alguno activo al propietario. Una casa de esta especie nada aumenta a las rentas de su habitante, aunque le ahorra el pago de otra, y aunque le es sin duda alguna muy útil, esta utilidad es como la de sus vestidos y alhajas domésticas, que aunque entran en parte de su gasto, no componen la de su renta.”
En el mismo capítulo, Smith explica que el fondo de un individuo se divide en dos partes. La primera parte es la que tiene como único fin generar utilidades y la llamamos “capital”. La otra parte es la que suministra inmediatamente el consumo diario. Para Smith, la casa hace parte de esta última parte, tal como lo dice en el mismo capítulo:
“De todas cuantas partes contiene el fondo que se reserva para el inmediato consumo, ninguna se gasta con mas lentitud que la que se emplea en casas de habitación. Un fondo de vestidos puede durar algunos años; un repuesto de alhajas de casa, medio siglo; pero una casa bien construida, y medianamente cuidada, puede subsistir siglos sin número. De todos modos, aunque sea mas dilatado el período de su total consunción, no por eso dejará de ser realmente un fondo reservado para el consumo, como el de los vestidos y utensilios de una casa.”
Creo que este párrafo es muy claro y no necesita más explicación. Finalmente quiero dejar claro que mi objetivo al expresar estas ideas es el de concienciar al lector para que cuando tome la decisión de comprar su casa propia tenga claro que lo que está es dándose un gran gusto y no haciendo la inversión de su vida. De hecho, yo también sueño con vivir en una gran casa hecha a mi gusto, con piscina y jacuzzi, y si no lo he hecho aun es porque primero hay que aumentar el “capital” antes de darme ese lujo que disfrutaré por muchos años. Como siempre, espero sus comentarios.

lunes, 26 de abril de 2010

Mi primer millón

En el artículo anterior me faltó contarles una anécdota de antología. Hace unos años me reencontré con un amigo que había estado trabajando en el sur del país en un cargo operativo en una empresa petrolera. Estábamos en un bar y sonó la canción Mi primer millón del grupo Bacilos. Enseguida mi amigo me contó que a él le gustaba mucho esa canción porque cuando empezó a sonar en la radio él se estaba ganando su primer sueldo que era casualmente de un millón de pesos mensuales. Al escuchar eso casi me caigo de la silla. No podía creer que mi amigo no se hubiera percatado de que la canción hace referencia al primer millón de dólares, no de tristes y devaluados pesos colombianos que no alcanzan ni para un par de zapatos de los que usan esos artistas. Inmediatamente le dije que escuchara bien la canción y le pregunté: Si solo te has ganado un millón de pesos, ¿como vas a salir a rumbear sin pensar en la cuenta? ¿Cómo vas a comprarte un vestido de Oscar de la Renta? ¿Con qué plata vas a salir a los sitios a donde van Paulina Rubio y Alejandro Sanz? Después de unas cuantas preguntas de ese estilo se dio cuenta de su error.
Pero mi amigo no es el único despistado con esa canción. Después descubrí que muchas otras personas también pesaban lo mismo y ahora creo que una de las tantas razones por las que las personas nunca llegan a construir patrimonios considerables es porque nunca piensan en grande. Todo lo ven lejano e imposible. En países como los Estados Unidos es común que los empresarios cuenten a las nuevas generaciones cómo ganaron su primer millón de dólares porque por lo general este primer millón es el más difícil de conseguir; normalmente los otros millones llegan mucho más rápido que ese anhelado y sufrido primer millón. Creo que allá es tan difícil ganar el primer millón de dólares como aquí lo es ganar los primeros mil millones de pesos. Ese debe ser el equivalente en nuestro país, aunque el cambio del dólar nos cuenta una cifra superior, pero en la conciencia ese es el primer escalón que hay que vencer por ser una cifra cerrada. Es una barrera psicológica.
Es una lástima que la mayoría de los empresarios en Colombia no sean celebridades como lo son en los Estados Unidos o en Europa. Personajes como Bill Gates, Michael Dell, Warren Buffet, Steve Jobs, Donald Trump o Richard Branson son invitados a las ceremonias de graduación de las universidades más prestigiosas de todo el mundo. Son admirados y los estudiantes les piden consejos, les hacen preguntas, los entrevistan. Desafortunadamente en Latinoamérica los empresarios son estigmatizados por poseer riquezas en medio de tanta pobreza. Hace poco vi una serie de artículos que le hicieron a Luis Carlos Sarmiento Angulo en distintos medios de comunicación. En una entrevista en la revista Semana y en otra para el diario El Tiempo él contó su historia, sus inicios como ingeniero civil, sus primeros negocios para ganar experiencia, su primera empresa constructora, su primer banco y cómo es su vida actual. Si uno lee estos artículos en las páginas de Internet de dichas publicaciones puede observar que la mayoría de los comentarios de los lectores son negativos e insultantes para el personaje. En vez de aprender, critican. Lo mismo sucede cuando se escribe algo sobre el mexicano Carlos Slim o sobre Julio Mario Santodomingo. Por eso no creo que estas personas tengan muchas ganas de visitar nuestras universidades para contarles a los estudiantes como ganaron su primer millón de dólares o como han formado sus respectivos imperios financieros.
De los grandes empresarios colombianos (aunque por adopción porque nació en Perú e hizo fortuna en Brasil), el único que veo muy activo escribiendo en distintos medios y que siempre está disponible para contar su historia es Germán Efromovich, a quien admiro inmensamente por su capacidad para resucitar empresas por las que nadie daba un peso (por ejemplo Avianca y Pacific Rubiales) y, por supuesto, ganar una buena tajada del negocio, sin perder la sencillez que lo caracteriza. Pero este es un caso muy particular y aislado. Es una lástima que la mayoría de esas grandes historias que involucran una interesante mezcla de sacrificio, inteligencia, sagacidad y algo de suerte, por ahora solo las podrán disfrutar unos cuantos interesados en el tema que dedican algo de tiempo a la búsqueda de los orígenes de la riqueza y no estarán disponibles para toda la juventud que necesita inspiración para crear empresas que generen empleo, progreso y bienestar para toda la comunidad.

domingo, 4 de abril de 2010

2 horas + 1 calculadora = 0 estupideces

Si la memoria no me falla, fue en el año 1998 cuando asistí a la clase de matemáticas financieras de mi programa de pregrado en la Universidad del Norte. Los estudiantes de aquella materia tuvimos la gran fortuna de tener al Ingeniero Alfredo Borrero Páez como catedrático, hombre con una capacidad única para transmitir los conceptos en una forma tan clara que solo le faltó llevar la plastilina al salón de clases. Además, el Ingeniero Borrero estaba totalmente convencido de la importancia que tendría el tema en nuestras vidas. Y vaya que la ha tenido, pues por lo menos en mi caso, lo que ahí aprendí me permitió ganar mis primeros honorarios y desde entonces la calculadora financiera se volvió mi compañera inseparable dejando a un lado la calculadora de ingeniería.

Desde esa época, casi a diario veo situaciones que me han hecho reflexionar sobre el grado de ignorancia financiera en el que vive, creo yo, 19 de cada 20 personas. Dicha ignorancia tiene un costo incalculable en los bolsillos de esas personas y lo peor es que no saben que tienen un problema, pues por el hecho de ser mayoría sienten que eso es lo normal. La mayoría de las veces me toca observar impotente al pobre individuo que dice y comete barbaridades sin poder yo ayudarle en nada pues es tal el grado de ignorancia que uno no sabe por donde comenzar. Otras veces, cuando no aguanto quedarme callado, hago el intento de explicar algunos conceptos y lo que encuentro son oídos sordos. Solo en algunas pocas ocasiones he logrado ahorrarle algunos dolores de cabeza al pobre cristiano después de muchas horas de paciente explicación. Afortunadamente me gusta enseñarle a otros y no tengo problema con eso.

Algunas de las situaciones que me ha tocado observar o en las que me he involucrado son las siguientes:

1. Mis primeros honorarios. Una tarde cualquiera me encontraba en mi residencia de estudiante universitario en Barranquilla estudiando para un examen de matemáticas financieras y quise hacer un ejercicio que no fuera sacado del libro guía del profesor sino de la vida real. Recordé que un par de años atrás unos familiares habían adquirido una propiedad en el popular balneario de Coveñas en la costa norte colombiana y que la financiación para adquirir el inmueble no se hizo a través de ningún banco sino directamente con los constructores del proyecto. El ejercicio consistía en calcular la cuota fija que estaban pagando, una vez tuviera el valor de compra de la propiedad, el de la cuota inicial y el porcentaje de interés de la financiación. Llamé a uno de los compradores, que era un tío, para que me diera los datos y procedí a realizar el cálculo. A los 10 minutos volví a llamar a mi tío para darle el valor de la cuota. Oh sorpresa… la cuota que estaban pagando era muy superior a la que deberían pagar con el supuesto interés de financiación que le ofrecieron los constructores. Me tomó solo 5 minutos descubrir que con la cuota que estaban pagando actualmente, el crédito debía quedar saldado en solo 35 meses y no en 60 meses como lo plantearon los constructores. Después de un par de reuniones con los promotores del proyecto, aceptaron el “error” y a mis tíos solo les tocó pagar 35 cuotas, ahorrando mas de 40 millones de pesos en las 25 cuotas que no tenían porqué pagar. Afortunadamente mis tíos me escucharon y yo cobré mis primeros honorarios que fueron el equivalente a la cuota 36.

2. El almacén de motos. Hace poco descubrí por accidente que el verdadero negocio de los almacenes de motocicletas está en la financiación de la misma. Un familiar de mi esposa, a quien llamaré Roberto, iba a comprar uno de estos vehículos. El valor de contado del modelo seleccionado era de $4.250.000 incluida la matrícula y el seguro. La asesora del almacén le ofreció muy amablemente a Roberto la posibilidad de financiar la compra pagando una cuota inicial de $1.000.000 y una cómoda cuota mensual de $213.000 durante 24 meses. Solo toma 15 segundos ingresar los datos a la calculadora financiera y obtener como resultado un escandaloso interés de financiación del 3.99% mensual. Por eso le recomendé a Roberto que solicitara un crédito de libre inversión en su banco, pues el interés máximo permitido por el gobierno estaba en ese momento ya por debajo del 2% mensual. Por fortuna me escuchó y pagó su moto con el crédito bancario, dejando a un lado la costosa financiación del concesionario. La cuota en el banco le quedó en $167.000, logrando un ahorro mensual de $46.000 que en ese monto de crédito es bastante considerable.

3. Las dos señoras prestamistas. Conozco a un par de señoras de pueblo cuya fuente principal de ingresos es prestar dinero al interés. Una es profesora de escuela y la otra posee un pequeño almacén de ropa. La profesora acaba de cumplir 50 años de edad, la comerciante está llegando a los 60 años. Calculo que cada una de ellas posee más de 50 propiedades entre casas, apartamentos, lotes y locales comerciales que les deben generar arriendos superiores a los $30 millones mensuales. Cada una de ellas debe tener una cartera total colocada entre sus clientes que supera los $3.000 millones (mas de US$1.5 millones) que les debe generar unos $70 millones mensuales en solo intereses. Ellas son el típico caso del nuevo rico colombiano del que hablé en otro artículo pues unos 20 o 25 años atrás no poseían nada material. En días pasados visité en compañía de mi esposa a una de ellas buscando un crédito (bastante grandecito, por cierto) para un amigo que necesitaba el dinero para un nuevo negocio. La señora me atendió en su pequeño almacén y me manifestó que en ese momento no contaba con el dinero porque acababan de pasar las elecciones y le prestó a muchos políticos, pero que apenas reuniera el monto solicitado ella me avisaría. Después de salir de la reunión, mi esposa me dijo:

- “De donde ha sacado tanto dinero esa señora?”, “no creo que ese almacén de para tanto”, “ahí hay algo raro…”.

Son los típicos comentarios de quien no conoce la magia de las matemáticas financieras y de lo que los sacrificios personales durante un tiempo prolongado pueden lograr.

Cuando llegamos a la casa saqué mi calculadora y le expliqué.

- Mira, esta señora tiene un pequeño almacén en donde vende ropa a crédito con precios altos. Si tú le pagas de contado te hace un gran descuento y de todas maneras ella gana un margen por la venta (20% o 30% tal vez), pero si le pagas a crédito, además de lo que gana por la venta, ella está ganando por la financiación y de esa forma aumenta mucho más su margen de utilidad.

- Si. Pero eso no explica como ha hecho para tener tanto dinero. Ese almacencito no da para tanto. Volvió a responder mi esposa.

- Entonces pongámosle números a la cosa. Si suponemos que tu eres esa señora y comienzas tu almacén hoy con una inversión de $20 millones (US$10.000) y, para no exagerar, entre ventas, financiación y pérdidas logras darle un rendimiento a ese capital del 3% mensual durante 20 años, y reinviertes toda la utilidad inmediatamente, ¿sabés cuanto capital tendrías después de ese tiempo?

- No sé. 20 años es mucho tiempo. ¿Unos mil millones de pesos?

Yo ingresé los datos a mi calculadora y le di el resultado.

- No son mil millones de pesos. En realidad la cifra es un poco mayor. Son $24.097 millones, o sea mas de 12 millones de dólares. Así que creo que ella en sus inicios tuvo que gastar buena parte de sus utilidades para vivir y por eso hoy después de tanto tiempo aun su patrimonio no ha llegado al nivel que debería tener.

Mi esposa me miró incrédula ante la cifra que acababa de escuchar, doce millones de dólares, pero después de unos minutos de explicación, creo que alcanzó a entender algo y a emocionarse un poco con la idea de poner a producir sus pequeños ahorros durante 20 años. Desde mi punto de vista, las señoras prestamistas podrían tener mucho más de lo que actualmente tienen si fueran más cuidadosas y se asesoraran un poco.

Durante varios años, además de las situaciones descritas aquí, he visto infinidades de cosas que me han hecho pensar en ayudar de alguna forma a estas personas que son totalmente ignorantes en lo que se refiere al manejo del dinero (por supuesto las prestamistas no hacen parte de ese grupo). He visto a personas comprar cosas que no necesita porque las pueden pagar en cómodas cuotas mensuales; he visto a personas pagar el mercado que hace cada quince días con una tarjeta de crédito y diferirlo a 6 o 12 meses, creando un hueco cada vez mas grande; he visto muchas personas haciendo cuentas y preguntarse “cuantas veces voy a pagar mi casa?” cuando tienen unos créditos de vivienda con unos intereses envidiables para cualquier hombre de negocios; he visto a personas invertir en empresas milagrosas que no hacen si no estafarlos; he visto personas salir de la empresa donde trabajaron durante 20 años con una liquidación cuyo valor equivale a unas 100 o 150 veces el salario mensual que ganaban y no tienen la mas remota idea de qué hacer con su dinero; la mayoría de las veces este dinero no demora mas de 1 o 2 años en desaparecer; he visto a personas con trabajos muy bien remunerados y después de 10, 15 o 20 años lo único que tienen son deudas impagables.

Todos estos casos son los que me han hecho reflexionar y he llegado a la sencilla fórmula que titula este artículo: 2 horas + 1 calculadora = 0 estupideces. Es así de sencillo. Si cada una de estas personas decidiera dedicar 2 horas de su tiempo a aprender unos sencillos conceptos y comprara una calculadora financiera (la mejor del mercado no llega a los $300.000), no volverían a cometer estupideces con el dinero que tanto les ha costado ganar. Por eso aprovecho estas líneas para informarles a todos mis amigos que quieran salir de esa nebulosa en la que se encuentran que, en la medida en que mi tiempo me lo permita, estoy dispuesto a dedicarles esas 2 horas iniciales de instrucción totalmente gratis para que dejen de hacer cosas con su dinero que pueden tener consecuencias perjudiciales en su vida. Quedo a su disposición.

miércoles, 13 de enero de 2010

Donde está el dinero que hoy reclaman los inversionistas de DMG?


Comenzando el año 2010 no dejan de sorprenderme las manifestaciones de los incautos “inversionistas” de la pirámide DMG a favor de su verdugo, David Murcia Guzmán. Este hábil, ambicioso e inteligente vendedor de ilusiones cuyo origen humilde no le impidió hacer realidad sus mas grandes sueños de riqueza y poder (algo bastante meritorio, por cierto), ha sido capaz de mantener a sus fieles seguidores con la idea de que fue el Gobierno Nacional quien los llevó a la ruina al cerrar sus empresas y no permitirles seguir funcionando. Desafortunadamente para los miles de mal llamados “inversionistas”, o mejor dicho estafados de la pirámide, no es posible reabrir las operaciones de DMG simple y sencillamente porque lo único que se lograría sería agrandar el problema.

Las pirámides como DMG funcionan bajo el llamado método Ponzi, en honor al italiano que lo inventó. Este método consiste en crear un esquema en el que se prometen grandes utilidades para captar dinero en forma masiva. Al haber grandes utilidades de por medio, lo lógico es que si el negocio es tan bueno, son muy pocas las personas que retiran el dinero de él y muchas las que reinvierten el capital y sus “utilidades” aunque estas estén solo en el papel. De esta forma son muchos más los que llevan sus ahorros a la pirámide que los que retiran su inversión. El dinero para pagarle a los pocos afortunados que retiran su inversión no es más que el mismo dinero de los que están invirtiendo en ese momento. De esa manera se puede cumplir a los inversionistas durante un tiempo que, dependiendo del éxito de la pirámide, pude variar entre unos pocos meses a varios años.

La pirámide más famosa a nivel mundial se descubrió en diciembre de 2008 en Nueva York y operaba camuflada como un prestigioso fondo de inversión en Wall Street dirigido por el célebre inversionista Bernard Madoff. Esta pirámide permaneció durante más de 40 años sin ser descubierta pues pagaba una rentabilidad anual moderada, pero lo suficientemente alta para que cada año se multiplicaran sus clientes (entre 14% y 19% anual). Pero a pesar de que el valor de la estafa fue 80 veces mas grande que el de DMG, demoró mas de 40 años operando y la inversión mínima para acceder a este fondo era de 1 millón de dólares, ninguno de los inversionistas de la pirámide de Wall Street, llamada Bernard Madoff Investment Securities LLC, ha negado el hecho de que fueron estafados y, por el contrario, han enfocado sus esfuerzos en perseguir los bienes del señor Madoff para recuperar aunque sea una mínima parte del capital invertido.

Por qué reaccionan en forma tan diferente los inversionistas de la pirámide de Madoff en Wall Street en comparación con los inversionistas Colombianos cuando el método de la estafa fue el mismo? Recordemos que la pirámide de Madoff, al igual que la Colombiana, nunca dejó de cumplirles a sus inversionistas. La respuesta tiene solo dos palabras: Educación financiera. Los inversionistas de Madoff eran personas de alto perfil educativo y socioeconómico que dirigían otros fondos legales alrededor del mundo. Eran banqueros y financistas que conocen el funcionamiento de la economía y la operación de cualquier fondo de inversión, saben lo que es el método Ponzi, saben como fueron estafados, saben que el dinero no existe sino en el papel y saben que ya no lo pueden recuperar. Muy distinto es el caso de los inversionistas Colombianos; amas de casa, ingenieros, médicos, empleados, mensajeros, abogados, tenderos, agricultores, etc., que no conocen lo que es el método Ponzi, no saben como debe funcionar un Fondo de Inversión y continúan con la esperanza de recuperar el dinero basados en el hecho de que DMG ya llevaba varios años cumpliendo hasta que el Gobierno cerró sus puertas.

Para ilustrar un poco más el método de la estafa, les doy el siguiente ejemplo. Yo podría pedirle prestado a un amigo $10 millones para invertir en un negocio que tengo y que es muy lucrativo (supuestamente). Para que mi amigo me preste le digo que le voy a pagar un interés mensual del 4% pues mi negocio es muy bueno y le puedo pagar ese interés. De los $10 millones que me prestó mi amigo me gasto $5.2 millones en restaurantes, casinos y rumba y dejo los otros $4.8 millones para pagarle los intereses del primer año. Como le he quedado bien a mi amigo, al cabo de un año cuando ya no tengo dinero, le pido que me recomiende con otro amigo para que me preste otros $10 millones bajo las mismas condiciones. Ahora debo $20 millones a mis dos amigos y solo tengo $10 millones. Con los nuevos $10 millones cubro los intereses de mis dos amigos y me pueden recomendar para que otro me preste mas dinero bajo las mismas condiciones y poder seguir gastando, al mismo tiempo que les cumplo y así sucesivamente. Por su puesto que los primeros amigos que me prestaron obtendrán utilidades, pero los últimos no contarán con la misma suerte cuando ya no sea capaz de conseguir los suficientes amigos para poder pagar los intereses y se descubra mi fraude.

En resumen, y para responder a la pregunta que titula este artículo, el dinero de los estafados de DMG que hoy reclaman su inversión en su mayoría lo tienen los que sí lograron salir con utilidades de ese fantástico negocio, pues fue con el dinero de los últimos en entrar que se pagaron las exorbitantes utilidades de los primeros que entraron y que sí lograron salir ganadores del esquema. El dinero no lo tiene David Murcia ni el Gobierno. El dinero se perdió y punto!

domingo, 28 de junio de 2009

La ignorancia financiera crea monstruos como DMG

Hace algún tiempo llegó a mi oficina un cliente a quien había citado porque consignó una cantidad de dinero inusual en su cuenta de ahorros. En cumplimiento de las normas legales que regulan el sector financiero en Colombia, el cliente debía entregarme los soportes de la operación que dio origen al dinero consignado y actualizar su información financiera ante el Banco. Esto es un procedimiento rutinario pero los Gerentes de entidades Bancarias debemos saber expresarnos muy bien ante el cliente para que este no piense que sobre él hay alguna sospecha de actividad ilícita. De hecho, una operación inusual solo se vuelve sospechosa si el cliente no brinda una explicación satisfactoria de la transacción o no trae los documentos que soporten la explicación. A pesar de cuidar bien mis palabras, el cliente se presentó muy molesto por la solicitud que le hacía yo como Gerente de la Sucursal Bancaria. Después de insistir en que los documentos que le solicitaba eran para cumplir con la ley y que este era un procedimiento rutinario, finalmente accedió a entregar la información de muy mala gana. Antes de salir de mi oficina muy molesto el cliente soltó la siguiente frase: “si siguen así los bancos se van a quedar sin plata porque en DMG nos dan buena utilidad y no nos piden nada”. La verdad es que quedé sin palabras al escuchar semejante bestialidad.

Por esos días DMG aun no había sido intervenida por el estado Colombiano pero ya era bastante conocida por los medios de comunicación a nivel nacional donde se advertía a los ciudadanos sobre los riesgos que implicaba llevar los ahorros a una empresa como esas. Sin embargo las personas hacían largas colas para llevar su dinero pues muchos tenían amigos que habían “invertido” sus ahorros y ya habían visto como estos se multiplicaban como por arte de magia en períodos de tiempo muy cortos. La oferta más común era que le duplicaban su inversión en solo 6 meses. Como a mí me gusta sacar cuentas, quise hacer el ejercicio para ver cuanto tiempo me tomaría llegar a las diferentes metas financieras que se pone una persona ambiciosa como yo y que aspira a consolidar un patrimonio importante para el retiro si vendiera mi carro que está avaluado en este momento en unos 35 millones de pesos colombianos (US$17.500) e invirtiera el dinero en DMG. Como soy un juicioso ahorrador por supuesto que voy a reinvertir el capital y los intereses hasta que logre mis objetivos y me pueda retirar. Pues el resultado del cálculo fue el siguiente:

- En solo 3 años ya tendría mi primer millón de dólares y me podría retirar de mi trabajo porque ahora sería un inversionista.

- En 5 años y medio ya sería el hombre más rico del pueblo en donde vivo con un patrimonio de $35.8 millones de dólares.

- En 8 años ya entraría al selecto grupo de los billonarios del planeta que publica anualmente la revista Forbes con una fortuna estimada en 1.147 millones de dólares.

- En 9.5 años sería el hombre más rico de Colombia con una fortuna de 9.175 millones de dólares.

- En 11 años sería más rico que Bill Gates, Warren Buffet y Carlos Slim. Osea que me tomaría solo 11 años de no hacer nada para llegar a ser el hombre más rico del mundo. Además viviría en un mundo de millonarios pues otros millones y millones de personas comunes y corrientes también serían para esa fecha millonarios como yo, así que la pobreza en el mundo se acabaría y nadie tendría que trabajar para vivir.

Después de sacar estas sencillas cuentas no dejan de sorprenderme las cifras de la pirámide DMG: Cientos de miles de estafados en Colombia están reclamando sus recursos que suman varios miles de millones de dólares. Ahora me pregunto qué estaban pensando estas personas que vendieron sus carros, casas, negocios, ganado, fincas y solicitaron créditos para invertir en la empresa milagrosa. Esto es evidencia de que en Colombia falta mucha educación financiera pues con una simple calculadora de tienda podrían haberse dado cuenta de que esta empresa lo que les ofrecía era la oportunidad de volverse las personas más ricas del mundo en poco tiempo y sin hacer nada. Ese cuento no se lo traga ni el más tonto de los cristianos.

sábado, 30 de agosto de 2008

EL ESTIGMA DEL NUEVO RICO COLOMBIANO


En nuestro país es muy común la incredulidad de la comunidad, principalmente en los pueblos pequeños, cuando una persona de origen humilde o de clase media llega a conformar un patrimonio importante después de arduos años de trabajo y sacrificios. Me refiero específicamente a personas que apenas están pasando de los 40 años edad y ya poseen un patrimonio superior a 1 millón de dólares cuando apenas hacen 15 o 20 años lo único que poseían era una tienda de barrio (o cualquier pequeño negocio) y muchos sueños por cumplir. Sobre estos aguerridos emprendedores llueven toda clase de rumores: “le está lavando plata a fulano…”, “mandó unos viajecitos y se retiró…”, “es testaferro de zutano…”, “ahí hay algo raro…”, etc.
Es natural que en un país donde las oportunidades escasean para los que no nacieron privilegiados, donde las mafias del narcotráfico han penetrado todos los sectores de la economía y donde tenemos un paupérrimo ingreso per cápita, se estigmatice a las personas que progresan económicamente mucho más que la media de la población. Sin embargo, a pesar de todas estas falencias coyunturales, hay muchos casos de éxito en la creación de riqueza individual y la respuesta la encontramos en las matemáticas financieras; estas personas piensan en términos de rentabilidad anual, mientras que la mayoría está pensando en términos de ahorro mensual. Para ilustrar ambos casos veamos los siguientes ejemplos:
1. El señor A es un profesional relativamente bien remunerado, gana 2.5 millones de pesos mensuales, aun es muy joven y no tiene muchos compromisos. Dado que A ha ido a la universidad y ha tenido buena educación en su hogar, sabe que el ahorro es importante para el futuro y por eso decide sacar una cuenta muy sencilla: si ahorro 500 mil pesos mensuales de mi salario, al cabo de 20 años tendré (500 mil) x (12 meses) x (20 años) = 120 millones de pesos. A piensa que con su salario actual tendrán que pasar 20 años para reunir 120 millones de pesos. Por esta razón cuando A conoce a alguien que tiene propiedades por 1.200 millones de pesos piensa que con su salario actual tendrán que pasar 200 años para tener ese patrimonio o ganar 10 veces su salario actual para poder tener ese patrimonio en los mismos 20 años, suponiendo que ahorraría diez veces lo que ahorra actualmente. Por eso A estará convencido de que nadie puede tener un patrimonio importante a menos que gane un “supersalario”, que gane la lotería, o que se dedique a actividades ilícitas.

2. Por otro lado tenemos al señor B quien es una persona cuyos padres no tuvieron los recursos suficientes para enviarlo a la Universidad, por lo tanto B se dedica al “rebusque” desde cuando terminó su bachillerado a los 17 años de edad. Cuatro o cinco años después el señor B logra reunir los 10 millones de pesos que necesita para iniciar con su propio negocio. Dado que B está acostumbrado a ganar muy poco y a vivir modestamente, la mayor parte de las utilidades de su negocio las reinvierte para crecer y ganar mas dinero y su nivel de vida no le genera mas gastos que los necesarios para subsistir. Es así como se forma una bola de nieve incontenible. El negocio de B le está rentando en promedio un 30% anual después de gastos y al reinvertir las utilidades presenta un crecimiento exponencial de las utilidades y el patrimonio crece de la siguiente forma: capital inicial 10 millones; primer año 10 millones + (10x30%) = 13 millones; segundo año 13 millones + (13x30%) = 16.9 millones, y así sucesivamente. Al pasar 20 años con una rentabilidad promedio anual del 30%, y un capital inicial de 10 millones de pesos, el señor B tendrá un patrimonio de 1.900 millones de pesos, o el equivalente a 1 millón de dólares al cambio de hoy. Por favor tomen una calculadora y hagan el ejercicio.
Estos dos sencillos pero ilustrativos ejemplos muestran la clara diferencia que hay entre un empleado o profesional independiente y un dueño de negocio o pequeño inversionista. El primero siempre está sumando lo que puede ahorrar mensualmente, mientras que el segundo siempre está calculando la rentabilidad anual de su dinero. Por supuesto que para simplificar ambos ejemplos no se tuvieron en cuenta la inflación, los aumentos de salario de A ni muchas otras variables que afectan el resultado final en ambos casos. Además, es muy fácil dar una rentabilidad del 30% anual a un capital pequeño pero no es tan fácil hacer lo mismo cuando ya el capital tiene uno o dos ceros mas a la derecha. Lo importante es ilustrar las diferencias de pensamiento de cada uno de los personajes aquí analizados y lastimosamente la mayoría de nuestros compatriotas se encuentran en el caso del señor A. De ahí el estigma de los acaudalados que arrancaron prácticamente de la nada. Creo que estos nuevos ricos tienen mucho que enseñarnos. Ganaríamos mas aprendiendo de ellos que dándole eco a rumores sin fundamento.